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El jefe de la PN según Gallup

Cuando el 14 de abril de 1977 el joven de 22  años Bernardo Santana Páez, que en su niñez limpiaba  zapatos a guardias y policías, decidió ingresar como conscripto a la institución del orden, nunca imaginó que sería jefe de la misma.
Sus aspiraciones vendrían, como es lógico suponer, en la medida que iba escalando posiciones y acumulando más de 80 diplomas, certificados y otros reconocimientos producto de su preparación académica y policial.
Hoy, quien orgullosamente recuerda su oficio de limpiabotas en el comedor de su abuela en Miches, no sólo le ha tocado ser el jefe de la Policía Nacional,  sino tener la satisfacción de que en la última encuesta  publicada por la firma Gallup, tenga un 60 por ciento de aceptación entre la ciudadanía. Este alto porcentaje de aceptación de un jefe policial es aún más notorio en nuestro país, por el hecho de que la institución que representa Santana Páez ha estado permanentemente en entredicho y con un alto rechazo por parte de la población.
La mima encuestadora que coloca al jefe de la Policía por encima de otros diez funcionarios públicos evaluados, otorga a la institución del orden un porcentaje de satisfacción por parte de la ciudadanía de un 41 por ciento. Es decir, que en término de aceptación el jefe está más arriba que la propia institución.
Para lo que ha representado esa institución, este porcentaje, aunque no sea el ideal, es bastante aceptable y habría que atribuírselo al trabajo que viene realizando la actual jefatura dirigiendo el proceso de depuración, adecentamiento, tecnificación, profesionalización, de una institución altamente cuestionada por la ciudadanía.
Su tarea es ardua y peligrosa, pues no sólo debe trabajar para controlar el crimen y la delincuencia en la población, sino también, llevar a cabo la profilaxis necesaria dentro de la institución, donde encuentra los primeros focos de resistencia.
El ser un policía desde la A a la Z, como se dice, que viene desde abajo le permite conocer la institución por todas partes. Su preparación académica y policial lo hace conocedor de la sociedad en que se desenvuelve.
Estos dos elementos, posiblemente, fueron determinantes para que el presidente Leonel Fernández lo escogiera entre muchos otros con meritos para ser jefes policiales.
Su amplia preparación lo convierte en el prototipo del policía que no llegó a la institución simplemente para ponerse el uniforme.
El jefe de la Policía debe ahora recibir con humildad este reconocimiento que hace la población a su trabajo.  Un trabajo que está surtiendo sus efectos, incluso a favor de la misma institución cuya imagen va mejorando y habrá s seguir así.
Habrá de esperarse también un mayor apoyo de la ciudadanía hacia la policía y su jefe, sobre todo a la institución, porque los titulares pasan, las instituciones se quedan.
El papel del jefe de la PN es hacer un buen trabajo para la ciudadana, para el país y por el engrandecimiento de la institución, y eso, parece que el ciudadano percibe que se está haciendo.
Daniel García Archibald

Trascripción del reportaje publicado en el periódico El Caribe, sábado 2 de septiembre del 2006.

 

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